La lucha por el voto femenino. Las mujeres pelearon por su derecho al voto

Las mujeres de la burguesía comenzaron a organizarse en torno a la lucha por el reconocimiento del derecho al sufragio, lo que explica su denominación como sufragistas, en la segunda mitad del siglo XIX.

Las mujeres de la burguesía comenzaron a organizarse en torno a la lucha por el reconocimiento del derecho al sufragio, lo que explica su denominación como sufragistas, en la segunda mitad del siglo XIX. Las sufragistas no solamente lucharon por los derechos políticos de las mujeres, sino también por la igualdad en otros aspectos y campos. Dieron prioridad a la lucha por el voto porque consideraban que una vez conseguido accederían a los parlamentos y podrían cambiar las leyes e instituciones. Aunque las principales sufragistas pertenecían a la burguesía, como hemos expresado, defendieron los derechos políticos de todas las mujeres, aunque las relaciones con las feministas socialistas nunca fueron fluidas, ya que, aunque éstas también eran partidarias de la lucha por el sufragio, acusaban a las sufragistas de defender, en última instancia, el dominio de la burguesía.

En Europa el movimiento sufragista británico fue el más activo. En 1869, John Stuart Mill escribió La sujeción de la mujer y presentó la primera petición a favor del voto femenino en el Parlamento, comenzando, de ese modo, una larga serie de iniciativas políticas a favor de las mujeres. Sin embargo, los esfuerzos dirigidos a convencer y persuadir al Parlamento inglés de la legitimidad de los derechos políticos de las mujeres provocaron burlas e indiferencia en verdaderas campañas mediáticas con contenidos muy despreciativos hacia las sufragistas. En consecuencia, el movimiento sufragista dirigió su estrategia hacia acciones más radicales.

En el año 1903, Emmeline Pankhurst fundó en Londres la “Unión Social y Política de Mujeres”, cuyas militantes protagonizaron infinidad de acciones con gran repercusión mediática: protestas, manifestaciones y huelgas de hambre, siendo pioneras en unos métodos de lucha como los que protagonizaron en el año 1913, varias sufragistas, lanzaron dos bombas a la casa de David Lloyd, ministro de Hacienda  que, posteriormente, adoptarían otros colectivos. La represión fue muy dura con ellas; la propia Pankhurst fue detenida y condenada a tres años de cárcel y de trabajos forzados, acusada de “actividades contrarias a la seguridad y estabilidad del pueblo inglés”.

En 1928 el Parlamento Británico aprobó que las mujeres votaran con las mismas condiciones que tenían los hombres

Se cansó de luchar con la palabra y pasó a la acción. “Deeds, not words” (Hechos, no palabras) fue su nueva actitud, el “lema permanente” con el que se autodefinió Emmeline Pankhurst (Manchester 1858 – Hampstead, 1928) y el resto de sus seguidoras, las sufragistas, suffragettes. “La más notable agitadora política y social de la primera parte del siglo XX y la suprema protagonista de la campaña de emancipación electoral de las mujeres”, como la definió The New York Herald Tribune tras su muerte.

En Estados Unidos, el movimiento sufragista estuvo inicialmente muy relacionado con el movimiento abolicionista. Gran número de mujeres unieron sus fuerzas para combatir en la lucha contra la esclavitud. En 1848, en el Estado de Nueva York, se aprobó la Declaración de Seneca Falls, uno de los textos fundacionales del sufragismo. Las ideas que se utilizaron para reivindicar la igualdad de los sexos eran de corte ilustrado: apelaron a la ley natural como fuente de derechos para toda la especie humana, a la razón y al buen sentido de la humanidad, como armas contra el prejuicio y la costumbre. Elizabeth Cady Stanton, la autora de La Biblia de las mujeres, y Susan B. Anthony, fueron dos de las más destacadas sufragistas estadounidenses.

La Primera Guerra Mundial fue un factor muy importante en la historia del proceso de emancipación de la mujer, ya que los gobiernos necesitaron el concurso de las mujeres en las fábricas ante la evidente escasez de mano de obra masculina. En el caso concreto del movimiento sufragista británico se produjo una reconciliación entre éste y el gobierno. Nada más producirse la declaración de guerra, Emmeline Pankhurst anunció la suspensión de las actividades reivindicativas hasta el final de la contienda. Las sufragistas negociaron con las autoridades y, en unos días, las activistas encarceladas salieron de prisión. Entonces, Pankhurst, fiel al pacto con el gobierno, se dedicó a impulsar el esfuerzo bélico, llegando a organizar una manifestación bajo el lema: “los hombres a luchar y las mujeres a trabajar; no seremos pisoteados por el káiser”. Además, apeló a los sindicatos para que permitieran la incorporación de las mujeres a los puestos de trabajo y su ingreso en las Trade Unions. El órgano del movimiento, “La Sufragista”, cambió de nombre por el más patriótico de “Britania”. Emmeline fue derivando hacia posturas muy conservadoras, como se puso de manifiesto en sus duras críticas hacia cualquier manifestación u opinión pública pacifista, especialmente las defendidas desde las filas del laborismo, mostrándose también muy crítica con el movimiento obrero y con el comunismo, que estaba triunfando en Rusia. Su hija, Silvia Pankhursth, también se destacó en el movimiento sufragista británico, pero vinculándolo más hacia una dirección progresista, frente a la deriva conservadora de su madre.

Al terminar la contienda las mujeres habían desarrollado una clara conciencia de su importancia en la sociedad, especialmente en los países vencedores porque habían contribuido decisivamente al triunfo. El camino para conseguir el voto se estaba allanando en el Reino Unido, aunque, antes, en Nueva Zelanda se había conseguido en 1893, mientras que en Australia se logró en 1902. Las mujeres británicas mayores de 30 consiguieron el derecho a votar en el año 1918. En todo caso, hubo que esperar a 1928 para que se igualara la edad de las mujeres a la de los hombres para poder votar, es decir, a los 21 años. Las mujeres estadounidenses no pudieron ejercer el derecho al voto en elecciones federales hasta el año 1920, aunque en otro tipo de elecciones ya votaban anteriormente.

En España se reconoció el derecho al voto en la Constitución de 1931, después de un intenso debate parlamentario en el que destacó su gran defensora, Clara Campoamor. Curiosamente, en Francia, tradicionalmente considerada la patria de los derechos, las mujeres no pudieron votar hasta después de la Segunda Guerra Mundial, así como en Italia. En América Latina, casi todos los países reconocieron el derecho al voto en el período de entreguerras, destacando como estado pionero, Ecuador. Después de la Segunda Guerra Mundial pudieron votar también las mujeres en los países asiáticos, como en China o Japón.

                  Clara Campoamor

Información de: nuevatribuna.es, el Mundo.

Gracias a todas esta mujeres, fuertes, valientes, inteligentes y luchadoras, hoy todas las mujeres podemos votar.

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Gabriel García Márquez, creador de universos oníricos enraizado en lo cotidiano

Ayer, se cumplía 91 años del nacimiento de este célebre escritor, referente de la Literatura Universal.  

El gran Gabo nació el 6 de marzo de 1927 en Aracataca, Colombia. Fue periodista, escritor, guionista y un referente inigualable del realismo mágico. Su obra más conocida es Cien años de soledad, uno de los grandes ejemplos de este movimiento literario.

 

Ayer, 6 de marzo, coincidiendo con el nacimiento de Gabriel García Márquez ,Google le rindió un merecido homenaje a este  Premio Nobel con su doodle.

 Que en una entrevista, realizada al autor del doodle Matthew Cruickshank, creador de este gráfico, explicó a Desirirée Jaimovich de Infobae,  los detalles que se aprecian en este tributo.

Los fundadores de Macondo

La pareja que está de la mano y se puede ver en el centro del dibujo son José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán. Se casaron y fundaron Macondo. Se dice que esa ciudad imaginaria tiene rasgos de su pueblo natal. Apenas unas pinceladas, porque en realidad va mucho más allá de eso. Según explicó el escritor alguna vez, Macondo es “un estado de ánimo, más que un lugar”.

Las mariposas amarillas que preceden las apariciones de Mauricio Babilonia. Son un símbolo del amor que lo unen a Meme. Cuanto más crece ese amor, más extensas se vuelven las bandadas de mariposas.

El tren

La llegada del tren es recibida con sorpresa por los habitantes de Macondo. Así se describe ese medio de transporte que tanto protagonismo tendrá en ese mágico pueblo.

 El galeón

“Habla de la ambición de hacer un pueblo cerca del mar, pero que finalmente termina emplazado en la selva”

En Cien años de soledad, se hace alusión al hallazgo del galeón como “un indicio de la proximidad del mar, que quebrantó el ímpetu de José Arcadio Buendía. Consideraba como una burla de su travieso destino haber buscado el mar sin encontrarlo”.

Peces dorados

En un comienzo, el coronel Aureliano Buendía se dedicaba a hacer peces de oro que luego vendía como fondo de financiamiento. Luego de la guerra, vuelve a fabricar esos peces pero al finalizar su tarea, los derrite y vuelve a comenzar su trabajo otra vez. 

Este doodle homenaje se pudo ver desde el buscador de 37 países de distintos continentes que van desde Colombia y México, sitios donde García Márquez transcurrió la mayor parte de su vida. También se puede ver desde otros lugares de América Latina, como la Argentina, Perú, Brasil, Costa Rica. También en algunos sitios de Europa y Asia, como como Croacia, Grecia, España, Estados Unidos, Indonesia, Irlanda, India, Rusia, Israel y Lituania, entre otros.

Desde su nacimiento las palabras lo marcaron, ya que su nombre debería haber sido Olegario guiándose por la tradición del santoral, pero un parto difícil y un cordón umbilical enrollado al cuello y que lo puso en serios aprietos, acabó con el nombre por impulso de Gabriel José: el primero en honor del padre y el segundo por el patrono de la localidad natal, Aracataca.

 

Tal día como ayer 6 de marzo de 1927, nació Gabriel García Márquez , quien después se convertiría en Gabo para los amigos y admiradores. Fue el mayor de 11 hermanos, pero en realidad fue el nieto de Tranquilina Iguarán Cotes y el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, los abuelos maternos con quienes se crió desde los 5 hasta los 9 años, una infancia cargada de historias, fábulas e ir al cine y al circo.

El pequeño Gabriel aprendió a escribir a los cinco años en el colegio Montessori de Aracataca gracias a la joven profesora Rosa Elena Fergusson, de quien años después reconoció que se había enamorado y que por eso le gustaba ir al colegio. Fue ella quien le inculcó la puntualidad y el hábito de escribir directamente en las cuartillas, sin borrador.

Cuando murió su abuelo en 1936, García Márquez se reencontró con sus padres en Sucre, donde estaban trabajando, el padre en una farmacia que abrió a pesar de ser telegrafista y su madre cuidando del resto de la prole que aumentaba cada año.

A los 10 años ya escribía versos humorísticos y a los 13, gracias a una beca, ingresó en el internado del Liceo Nacional de Zipaquirá, donde le cogió pánico al frío. Fue esa infancia llena de aventuras, fábulas e historias contadas por los abuelos y sus tías la que sentaron las bases de su composición más célebre, Cien años de soledad.

En esos años tuvo como profesor de literatura a Carlos Julio Calderón Hermida, a quien en 1955, cuando publicó La hojarasca, le escribió esta dedicatoria: “A mi profesor Carlos Julio Calderón Hermida, a quien se le metió en la cabeza esa vaina de que yo escribiera”. Antes de que le concedieran el Nobel, García Márquez, declaró en la columna periodística que escribía y que publicaban más de una docena de diarios en el país colombiano que Calderón Hermida era “el profesor ideal de Literatura”.

Tras acabar los estudios con muy buenas calificaciones y presionado por sus padres, García Márquez se trasladó a Bogotá para estudiar Derecho en la Universidad Nacional, aunque sin demasiado interés. Lo que sí aprovechó el joven Gabo fue el tiempo para hacer buena amistad con el médico y escritor Manuel Zapata Olivella, lo que le permitió acceder al periodismo y comenzar sus colaboraciones en el nuevo periódico liberal El Universal.

En Barranquilla, a principios de los años 40 comenzó a gestarse un grupo de amigos de la literatura que se llamó el Grupo de Barranquilla, cuyo líder era Ramón Vinyes, dueño de una librería en la que se vendía lo mejor de la literatura española, italiana, francesa e inglesa. Gabriel García Márquez se vinculó a ese grupo. Al principio viajaba desde Cartagena a Barranquilla cada vez que podía, pero después, gracias a una neumonía que le obligó a recluirse en Sucre, cambió su trabajo en El Universal por una columna diaria en El Heraldo de Barranquilla que apareció a partir de enero de 1950 bajo el encabezado de La jirafa y firmada por Septimus.

A principios de los años 50, cuando ya tenía muy adelantada su primera novela, titulada entonces La casa, García Márquez acompañó a su madre a Aracataca con el objetivo de vender la vieja casa en donde se había criado. Fue entonces cuando comprendió que estaba escribiendo una novela falsa, pues su pueblo no era ni una sombra de lo que había conocido en su niñez, así que a la obra le cambió el título por La hojarasca y el pueblo ya no fue Aracataca, sino Macondo en honor a los corpulentos árboles comunes en la región, que alcanzan una altura de entre 30 y 40 metros.

En 1955 Gabriel García Márquez, ganó el primer premio en el concurso de la Asociación de Escritores y Artistas. También publicó La hojarasca y un extenso reportaje por entregas, Relato de un náufrago, que fue censurado. La dirección del periódico en el que trabajaba decidió en ese momento enviarlo de corresponsal a Ginebra y luego a Roma, donde aparentemente el papa Pío XII agonizaba. En total, Gabo estuvo tres años fuera de Colombia. Vivió una larga temporada en París, y recorrió Polonia y Hungría, la República Democrática Alemana, Checoslovaquia y la Unión Soviética. Continuó como corresponsal de El Espectador, aunque en condiciones cada vez más precarias y, aunque escribió dos novelas El coronel no tiene quien le escriba,  y La mala hora, vivía esperando el envío mensual de su periódico, pero que cada vez se retrasaba más.

En marzo de 1958 contrajo matrimonio en Barranquilla con Mercedes Barchay tuvieron dos hijos: Rodrigo (1959) y Gonzalo (1962). Gabriel García Márquez, cada vez tenía más responsabilidades y menos tiempo para escribir, pero a pesar de ello, su cuento Un día después del sábado resultó también premiado.

A partir de ahí su vida fue un continuo cúmulo de noticias, nombramientos y viajes: en 1959 fue nombrado director de la recién creada agencia de noticias cubana Prensa Latina. En 1960 vivió seis meses en Cuba y al año siguiente fue trasladado a Nueva York, pero tuvo grandes problemas con los exiliados cubanos y finalmente renunció. Después se fue a vivir a México y ya no pudo volver a Estados Unidos, al negarle el visado por ser acusado de comunista, hasta que la Universidad de Columbia le otorgó el título de doctor honoris causa en 1971.

Pero su consagración como escritor comenzó un día de 1966 cuando se dirigía desde Ciudad de México al balneario de Acapulco. En ese trayecto Gabriel García Márquez tuvo la visión de la novela que había dado vueltas en su cabeza durante diecisiete años. Ahí fue cuando decidió que era el momento y se sentó a la máquina de escribir trabajando sin descanso ocho horas diarias durante dieciocho meses seguidos.

En 1967 apareció el resultado: Cien años de soledad, en la que Márquez edifica y dota de vida al pueblo mítico de Macondo y a la legendaria estirpe de los Buendía: un territorio imaginario donde lo inverosímil y mágico no es menos real que lo cotidiano y lógico. Así es como se describe el postulado básico de lo que después sería conocido como realismo mágico y que constituye una síntesis novelada de la historia de las tierras latinoamericanas que, en el fondo, es también la parábola de cualquier civilización, de su nacimiento a su ocaso.

Durante las siguientes décadas, en medio del éxito y el reclamo periodístico, Gabriel García Márquez escribió cinco novelas más y se publicarían tres volúmenes de cuentos y dos relatos, así como importantes recopilaciones de su producción periodística y narrativa. Publicó la que, en sus propias palabras, constituiría su novela preferida: El otoño del patriarca (1975), al que seguiría el libro de cuentos La increíble historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1977), Crónica de una muerte anunciada (1981) y, con posterioridad, El amor en los tiempos del cólera (1987).

Pero no solo sus novelas experimentaron la progresión y madurez como escritor, sino que la pofesionalización también llegó a los elementos de su escritura, ya que reanudó sus colaboraciones en El Espectador y cambió la máquina de escribir por el ordenador. Su esposa, Mercedes Barcha, siempre colocaba un ramo de rosas amarillas en su mesa de trabajo al considerarlas de buena suerte y un autorretrato que le regaló Alejandro Obregón presidía su estudio.

En la madrugada del 21 de octubre de 1982, Gabriel García Márquez, recibió la noticia que hacía tiempo que siempre esperaba por esas fechas: la Academia Sueca le había otorgado el ansiado premio Nobel de Literatura. Después se supo que en la terna final el galardón estuvo entre el colombiano, el novelista británico Graham Greene y el alemán Günter Grass. En aquella época se hallaba exiliado en México porque querían hacerlo prisionero en su país y tuvo que huir, pero el premio fue un acontecimiento cultural en Colombia y en toda América.

Desde que recibió el galardón su vida ya no fue la misma por el asedio de periodistas y medios de comunicación, así que, en marzo de 1983 Gabo regresó a Colombia y se fue a vivir a Cartagena con su madre.

Tras algunos años de silencio, en 2002 García Márquez presentó la primera parte de sus memorias, Vivir para contarla, en la que repasa los primeros treinta años de su vida. En 2004 vio la luz la que iba a ser su última novela, Memorias de mis putas tristes. En 2007 recibió multitudinarios homenajes desde todas las partes del mundo por un triple motivo: sus 80 años, el 40 aniversario de la publicación de Cien años de soledad y el 25 de la concesión del Nobel.

Gabriel García Márquez falleció el  17 de abril de 2014 en Ciudad de México tras una recaída en el cáncer linfático que padecía desde 1999. El mundo entero lloró la desaparición del mago de las palabras cuyas descripciones eran pura poesía sin haber escrito apenas versos en su vida.

En la Biblioteca Pública Municipal, tenemos los siguientes títulos de Gabriel García Márquez:

  • Cien años de soledad
  • El amor en los tiempos del cólera
  • Del amor 
  • Cómo se cuenta un cuento
  • Cuando era feliz indocumentado
  • El coronel no tiene quien le escriba
  • Crónica de una muerte anunciada
  • El general en su laberinto
  • La hojarasca
  • La Cándida Eréndira
  • Noticia de un secuestro
  • El  otoño del patriarca
  • Relato de un naufrago
  • Memoria de mis putas tristes 
  • Vivir para contarla

Fuentes bibliográficas: Infobae y el País Cultural